CAROLINA BAZÁN Y ROSARIO ONETTO

TENER UN HIJO JUNTAS

Carolina Bazán (34), la chef que comanda el restorán Ambrosía y su pareja, la sommelier Rosario Onetto (34), están próximas a tener a su primer hijo: Iñaki. Al igual que otras parejas de lesbianas en Chile, tuvieron que decidir cuál de las dos se embarazaría, escoger un donante de esperma extranjero y recurrir a la inseminación artificial para poder concebirlo. Estas son las ilusiones y desafíos de esta nueva forma de hacer familia.

Por Valentina Rodríguez / Fotografía: Carolina Vargas / Producción: Camila Letelier / Maquillaje: Pati Calfio y Melanie Tetzner / Agradecimientos: Topshop, GAP y H&M.

Paula 1172. Sábado 25 de abril de 2015.

Es un jueves de marzo y en el taller de parto Mujer Alumbra, cuatro parejas reciben instrucciones sobre algunos ejercicios de respiración para llevar a cabo un parto natural. Tres son parejas heterosexuales y solo una está formada por dos mujeres: la chef Carolina Bazán y la sommelier Rosario Onetto. La monitora les sugiere a los padres masajear la columna de las embarazadas para relajarlas. Rosario toma ese rol y frota la espalda de Carolina quien ya tiene seis meses de embarazo. Se ríen cómplices, pese a que se están tomando muy en serio este embarazo. “Queremos que el parto sea un momento especial y por eso nos estamos preparando con acupuntura, ejercicios en agua y de respiración. También hemos visto documentales de apoyo porque nos gustaría que sea sin anestesia y que sea Rosario quien reciba en sus manos a Iñaki”, dice Carolina.

“Queremos tener un hijo juntas”, le dijeron al médico. El doctor Balmaceda contestó: “Excelente noticia. Ustedes, chiquillas jóvenes y sanas, no van a tener ningún problema. Voy a hacer un seguimiento del ciclo ovular y el día de la ovulación ponemos los espermios dentro del útero. Esto es como hacerse un Papanicolaou, así de rápido”.

Carolina y Rosario llevan diez años juntas. Pero fue hace dos que se plantearon la pregunta más importante de su relación: ¿tengamos un hijo juntas? No tuvieron dudas de que había llegado el momento. Ambas soñaban con ser madres y se sentían preparadas para dar ese paso. “Ya estábamos establecidas en Chile, en el mejor momento del Ambrosía y de nuestras carreras, muy compenetradas como pareja, con las cuentas al día y con todas las ganas de armar una familia. ¿Por qué esperar más?”, explica Rosario. Además, estaban conscientes de que estaba corriendo el reloj biológico: ya tenían 33 años. Entonces emergió una segunda pregunta, la más difícil: ¿cómo hacerlo? Es decir, ¿cómo lo hacen las parejas de lesbianas cuando quieren hacer familia?

Barajaron varias posibilidades. La primera fue que una de ellas se embarazara de un amigo. Al principio les pareció una idea perfecta: “la guagua iba a tener dos mamás, un papá, seis abuelos y mucha familia alrededor que la iba a querer. Sería el niño más querido del universo. Se lo propusimos a un amigo y  aceptó, estaba feliz”, cuenta Rosario. Pero, tras analizarlo, les pareció complicado: porque por mucho que fuera un favor y sin compromisos, él legalmente tendría más derechos sobre ese hijo que una de ellas, la que no fuera la madre biológica.

¿Y entonces?, ¿cuáles son los otros caminos?, ¿tenemos realmente opción de adoptar?, ¿o mejor recurrir a la fertilización asistida?, ¿será muy caro? Fueron algunas de las muchas preguntas que aparecieron. “No sabíamos qué hacer. Estos temas nadie los habla, entonces tuvimos que empezar a averiguar por todas partes. Solo sabíamos que la adopción no era un camino posible para nosotras en Chile y que queríamos usar el método menos intervencionista posible”, dice Carolina. Para encontrar respuestas se pusieron en contacto con una pareja de lesbianas que ya habían sido madres en Chile. En octubre de 2013 vía Facebook acordaron una reunión con Paloma, quien se había casado simbólicamente con su pareja en la Comunidad Ecológica de Peñalolén y al año tuvieron un hijo juntas. La cita fue en un café ñuñoíno, donde Paloma y Cristina llegaron puntuales con su hijo Nicolás en brazos. “Nos hicieron una verdadera clase. Ellas se habían hecho una inseminación artificial usando esperma de un donante. Ahí recién descubrimos que el valor del procedimiento no era tan inalcanzable como nosotras creíamos. Les preguntamos desde cómo decidieron quién se embarazaría, hasta qué apellido llevaría Nicolás. Para nosotras fue clave escuchar su testimonio”, dice Rosario.

LA BÚSQUEDA DEL DONANTE

En la planificación familiar que hicieron Carolina y Rosario definieron que tendrían al menos dos hijos, que serían del mismo donante y que lo harían a través de inseminación artificial; primero se embarazaría una y luego la otra. Definir cuál de las dos sería la primera fue sencillo: el deseo maternal de Carolina era más intenso que el de Rosario. Ese es el motivo por el que el niño llevará el apellido Onetto, para así vincularlo de alguna forma con su otra madre que por ley no tiene en Chile ningún derecho sobre él. Pura Rodillo, la madre de Rosario, maravillada con la noticia de que su hija sería madre algún día, le pasó la tarjeta de un doctor amigo, experto en fertilidad.

Nerviosas llegaron ala Clínica Monteblanco, camino a Farellones, donde las recibió el doctor José Balmaceda.

–Queremos tener un hijo juntas–, le dijeron con un dejo de timidez.

Balmaceda –quien asegura ayuda a conseguir un embarazo en al menos diez parejas de lesbianas al año– recibió con naturalidad el pedido.

–Excelente noticia. Ustedes, chiquillas jóvenes y sanas, no van a tener ningún problema. Voy a hacer un seguimiento del ciclo ovular de la que se vaya a embarazar, y el día de la ovulación ponemos los espermios dentro del útero. Esto es como hacerse un Papanicolaou, así de rápido–, respondió el doctor.

Enlace: http://www.paula.cl/reportaje/tener-un-hijo-juntas/