Autora: Angelita Urzúa

Desde la fisiología, ciencia que estudia las funciones corporales, el parto es un proceso involuntario que depende al igual que en todos los mamíferos, de la liberación de un complejo cóctel de hormonas.

Estas hormonas se liberan en el momento en el que el bebé y la madre están preparados para comenzar con el trabajo de parto. Se cree que el bebé es quien avisa a la madre que ya es tiempo del tan esperado encuentro. Y es en ese momento, que la oxitocina, hormona del amor, pone en marcha el sistema neuro-endocrinomuscular del parto.

No nos olvidemos que la oxitocina esta también presente en el orgasmo, en la erección masculina y en la eyección de la leche. Transita siempre en donde esta presente el amor.

El pico más alto de la oxitocina, es cuando se alumbra la placenta. Este es un momento muy importante del parto y algo de lo que pocas mujeres estamos enteradas.

Liliana Lammers, doula de mucha experiencia, la llama la hormona tímida. Necesita de un de un ambiente tranquilo e íntimo, en el cual la mujer se sienta segura y protegida aunque no observada.

Estas son las necesidades básicas que hay que respetar cuando estamos frente a una mujer en trabajo de parto. El parto es un proceso involuntario y hay que evitar bajo toda circunstancia que factores externos amenacen su desarrollo.

Cuando se vive un trabajo de parto bajo condiciones de respeto al proceso que está ocurriendo, la mujer y el bebé ponen en práctica un hermoso saber involuntario. El cuerpo secreta las hormonas necesarias para facilitar el proceso y para protegerlo del dolor fisiológico y activa un sistema de protección que consiste en la liberación de endorfinas, las que no sólo disminuyen el dolor, sino que además permiten la secreción de la prolactina, hormona responsable de la eyección de la leche materna.

Si logramos mantener un trabajo de parto tranquilo, la respiración será rítmica asegurando altos niveles de oxigeno y las hormonas del nacimiento fluirán por nuestro cuerpo ayudándonos a mantener la calma.

La presión sanguínea se mantiene en niveles saludables conservando de este modo la energía y concentrándola principalmente en el útero, ya que tanto este órgano como los músculos que lo rodean, no estarán resistentes ni tensos, permitiendo de esta manera contracciones mas efectivas, abriendo y relajando el cérvix, relajando el canal de parto y permitiendo un descenso más fácil y cómodo para el bebé.

Hoy en día este proceso está muy dificultado, porque las mujeres no queremos saber mucho del parto ni estar enteradas de nada que tenga que ver con nuestra propia responsabilidad al momento de dar a luz. Tememos de entrada al dolor y a las complicaciones y suponemos que son los médicos los que saben. El parto en definitiva, lo tomamos como una intervención más, donde nos entregamos a los cuidados del equipo medico que es realmente el que sabe.

Empieza entonces el círculo vicioso. Como no creemos en nuestra propia capacidad para dar a luz ni sabemos mucho de a qué debemos estar atentas, nos ponemos sin pensarlo demasiado y rápidamente a disposición de un lugar donde está lleno de gente haciéndonos cosas diversas y bajo la inclemencia de una luz intensa. ¿Cómo conectarnos con nuestro cuerpo entonces? ¿Cómo dejar que el proceso del parto fluya?

No es que no se pueda, pero ya está dificultado. Y luego…pues bien, como la cosa va “lenta” dado lo anterior, continuamos en el universo de la medicalización. Al monitoreo fetal continuo se le agrega el goteo intravenoso de la oxitocina sintética, la ruptura de membranas, la episiotomía, etc. Intervenciones de rutina que la OMS recomienda evitar. La danza del parto ya está interrumpida y llegamos con frecuencia, y con argumentos de una situación que es “normal” y casi obvia, al uso de fórceps, ventosas o a la cesárea, tantas veces “innecesarea” tan frecuente en nuestro país.

Michel Odent, obstetra francés y el mayor referente en relación al parto natural, plantea la importancia del proceso de dar a luz, incluso habla de mamíferizar el parto, ya que cada día los partos son más programados, más medicalizados. Tenemos mucho que aprender de los otros mamíferos, que se aíslan para tener a sus crías, que necesitan de un ambiente propicio para dar vida. Incluso se ha observado que si se interfiere en sus partos, estos rechazan a sus crías al momento de nacer.

Sin embargo, el paradigma cultural se impone con tal fuerza que la mujeres ni dudamos, ni nos cuestionamos, ni nos interesamos en que le pasa a nuestro cuerpo a la hora de parir.
Hoy en día la mujer es una invitada en la escena del dar a luz. ¿Qué pasa si el día de mañana prescindimos del amor para nacer a la vida?

Angelita Urzúa

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